Sobre mí · Laura Vaquero

He visto demasiadas modas digitales para decidir por impulso.

Trabajo entre negocio, tecnología y personas desde hace más de dos décadas, con pymes y grandes empresas. He visto entrar, crecer y desaparecer muchas tecnologías que parecían inevitables. Algunas cambiaron la forma de trabajar. Otras se apagaron antes de que nadie pudiera explicar bien para qué servían. Con el tiempo aprendí que la diferencia no suele estar en la herramienta elegida, sino en la calidad de la decisión que la sostiene.

Trabajo cerca de quienes tienen responsabilidad real sobre negocio, tecnología y equipos. Mi papel no es añadir más ruido al que ya existe, sino ayudar a mirar cada decisión con método, contexto y sentido práctico..

El inicio digital

Lo digital entró en
mi trabajo en 1994.
Y no volvió a salir.

En 1990 entré en un gran laboratorio farmacéutico. Marketing, productos OTC, dirección de proyectos. Un mundo con sus propias reglas, su propio ritmo, y una exigencia particular: en salud el error se paga caro, y eso te obliga a decidir con método antes de actuar.

A principios de los 90 la empresa empezó a digitalizar la red de ventas con portátiles. Fue una pesadilla de gestión del cambio vista desde dentro. No a todos les gustó, el choque generacional se hizo patente, todos hubieran preferido seguir como antes, la tecnología llegó antes que el criterio para usarla. Guardo ese recuerdo como una lección que no ha dejado de repetirse.

En 1994 conectaron mi PC a Internet. Era una prueba piloto. Yo era de marketing, no de IT, y me eligieron a mí. No sé si fue suerte o criterio ajeno, pero desde ese día no paré. Entendí que aquello iba a cambiar más cosas de las que parecía. Pasé de Product Manager a Project Manager, y lo digital entró en mi trabajo para no salir.

Lo que vi en esa pantalla en 1994 no era una herramienta. Era un cambio de cómo iba a funcionar todo.

Mis presentaciones internas sobre Internet eran el momento más animado de las reuniones. Los directivos sonreían. Luego volvían a sus números. Así aprendí que entender una tecnología y decidir qué hacer con ella son dos conversaciones distintas.

Llegué solo por dos meses. Vivo en Barcelona desde entonces.

2002

Dejé un trabajo de diez años para montar algo que nadie entendía del todo.

En 1999 llegó el primer máster ejecutivo de eBusiness en España. Lo hice. Y fue suficiente para que dejara de tener sentido seguir donde estaba.

En 2002 fundé GaeaPeople. No había cliente esperando, no había modelo probado. Había claridad sobre una cosa: lo digital iba a cambiar cómo operan las empresas, y alguien tenía que ayudarlas a decidir qué hacer con eso antes de tirarse a implementar.

Desde entonces he trabajado con empresas de tamaños y sectores distintos. Algunas preguntas cambian de nombre con cada tecnología nueva. La cuestión de fondo suele ser parecida: qué tiene sentido hacer ahora, qué conviene esperar y qué sería mejor no tocar.

La línea de tiempo

Treinta años viendo llegar la tecnología. Y decidiendo qué hacer con ella.

Arriba, la tecnología que llegaba. Abajo, lo que yo hacía con ella.

El mundo

Digitalización analógica, portátiles en las empresas, primeras redes corporativas.

1990-93

Yo

PM de productos OTC en un laboratorio farmacéutico. Gestiono el caos de digitalizar una red de ventas que no quiere digitalizarse.

El mundo

Internet llega a las empresas en España. Infovía de Telefónica. La web pública empieza a existir.

1994

Yo

Me conectan a Internet en la oficina. Prueba piloto. Paso a Project Manager. Empiezo a ver lo que viene.

El mundo

Navegadores, buscadores, primeras webs corporativas, intranets.

1995-98

Yo

Proyecto de intranet interna en el laboratorio. Mis presentaciones sobre lo digital ya no caben en una reunión de marketing.

El mundo

El eCommerce se convierte en disciplina. Amazon crece. Las puntocom explotan.

1999

Yo

Máster en eBusiness y eCommerce en La Salle / Ramon Llull. Primer máster ejecutivo europeo de su tipo. Punto de inflexión: dejo diez años de empresa para emprender.

El mundo

Las puntocom se desinflan. Queda lo que tenía fundamentos.

2002

Yo

Fundo GaeaPeople. Proyectos de contenidos y comunidades virtuales B2B. Empiezo a construir herramientas propias, no solo a implementar las de otros.

El mundo

Blogs, LinkedIn, Facebook, YouTube. El contenido se democratiza. Cualquiera puede publicar.

2004-07

Yo

Comunidades virtuales, marketing de contenidos, proyectos corporativos digitales. Desarrollo soluciones propias para clientes en distintos sectores.

El mundo

iPhone. Apps. La pantalla pequeña se convierte en el primer canal.

2007-10

Yo

Proyectos móviles. Aplicaciones para clientes. Aprendo que el canal cambia, pero el problema de fondo es siempre el mismo: decidir qué tiene sentido antes de desarrollar nada.

El mundo

Streaming consolidado, Big Data, analytics, primeras conversaciones serias sobre IA.

2010-15

Yo

Los años más intensos en volumen de proyectos. Desarrollo herramientas de análisis propias. Formo a directivos. Escribo sobre cada tecnología que llega antes de recomendarla.

El mundo

Bitcoin empieza a circular. Blockchain como tecnología subyacente.

2011

Yo

Investigo blockchain aplicado a la industria farmacéutica: trazabilidad, historial de pacientes, cadena de suministro. Análisis y divulgación, no implementación: el criterio no da para recomendar algo que el sector regulado aún no puede absorber.

El mundo

Metaverso como concepto, realidad aumentada, NFTs, criptomonedas mainstream.

2016-19

Yo

Escribo sobre el metaverso. No lo recomiendo. Hay tecnologías que se analizan para saber qué decirle a un cliente cuando llega preguntando. Esta era una de ellas.

El mundo

La IA empieza a salir de los laboratorios. GPT-2 existe, pero no es pública.

2019

Yo

Publico «Los Años 10», un análisis año a año de la década que acaba: diez artículos, una tabla resumen, un iBook descargable. La primera vez que documento de forma sistemática lo que he visto llegar, crecer y a veces desaparecer.

El mundo

ChatGPT. IA generativa para todo el mundo. Nueva ola. Nuevo ruido.

2022-hoy

Yo

El marco no ha cambiado. La pregunta tampoco: ¿qué tiene sentido usar, en este contexto, para esta decisión?

Desliza para recorrer treinta años

No sirve de nada intentarlo —dijo Alicia—. No se pueden creer cosas imposibles.

Yo diría que no has tenido mucha práctica —dijo la Reina—. Cuando yo tenía tu edad, lo hacía siempre durante media hora diaria. Porque, a veces, yo he llegado a creer en seis cosas imposibles antes del desayuno.

Lewis Carroll
(A través del espejo. Alicia en el país de las maravillas)

Con quién trabajo

Quienes tienen una decisión real encima de la mesa.

Trabajo con quienes tienen responsabilidad real sobre negocio, tecnología, marketing o equipos. Directivos y mandos intermedios en pymes y grandes empresas, con decisiones pendientes sobre lo digital y sin tiempo para explorar por su cuenta cada herramienta que aparece.

Mi papel no es añadir más ruido. Es ayudar a mirar cada decisión con método y contexto antes de comprometer presupuesto o tiempo.

Salud y pharma me enseñaron a trabajar donde el error se paga caro. Esa forma de decidir, exigente y trazable, también sirve fuera de los sectores regulados.

Trabajo en conversación. Es donde se deciden las cosas.

Y por eso

He visto llegar demasiadas tecnologías que prometían cambiarlo todo como para decidir por impulso. Algunas lo cambiaron. Muchas no. Aprender a distinguirlas tiene un coste que no se mide en cursos.

Eso es lo que traigo a cada conversación.

— Laura Vaquero, GaeaPeople.

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