La Inteligencia Artificial (IA) ha llegado para quedarse. China y EE.UU, son actualmente, los líderes mundiales en investigación y aplicación de la IA en todos los ámbitos de nuestro día a día. Por su parte, Europa se muestra prudente en la adopción de una IA sin límites ni restricciones, y prefiere definir antes las reglas del juego. Actualmente, los retos que afrontan los desarrolladores de sistemas y algoritmos de IA, topan con barreras ligadas tanto a la filosofía y a la ética como a la tecnología.


¿Son válidos los mismos algoritmos en todo el mundo?


Las diferencias culturales entre continentes, países e incluso regiones son evidentes. En general, en occidente damos mucho valor a la autonomía personal. No creemos tanto en el destino como en otras culturas, y nos gusta pensar que somos responsables de nuestras decisiones y de sus consecuencias, y que el desenlace de nuestras vidas depende en su mayor parte de estas.

En muchos países del continente asiático, la forma occidental de entender la vida no es la más común; sus creencias están más ligadas al deber y al propósito vital de cada individuo, que viene determinado por su lugar de nacimiento, por su familia y ancestros y por su cultura. En Japón, la concepción de los robots como a una prolongación del ser humano, ha contribuido a que sean referentes en este tipo de tecnologías.

Los robots son omnipresentes en la cultura nipona

Estas diferencias en la manera de entender y afrontar la vida, se traducen en modos de hacer distintos. También en la forma en como percibimos e integramos las ideas acerca de la Inteligencia Artificial.

Mucha gente en Europa, siente desconfianza ante la idea de un sistema que disponga de grandes cantidades de información acerca de cada uno de nosotros, y que conozca tanto nuestras preferencias, que sea capaz de influir en nuestro comportamiento sin que apenas nos demos cuenta. Esta desconfianza ha sido, en última instancia, responsable del cambio en el modelo publicitario en Internet que está teniendo lugar en la actualidad, del fin de las cookies de terceros y de la instauración de la tecnología FLoC.

En otras culturas en cambio, este temor no es tan manifiesto y las personas son más propensas a pensar en términos de evolución, creación y convivencia con la tecnología. Por ende, ya sea mediante regulaciones o por modificaciones en los códigos, los sistemas de Inteligencia Artificial deberían adaptarse a las diferencias culturales.


¿Tiene límites la Inteligencia Artificial?


Inteligencia Artificial rebelde

Existen casos en que un sistema basado en Inteligencia Artificial ha aprendido (dentro de sus posibilidades) y ha adquirido comportamientos socialmente incorrectos. Un claro ejemplo es chatbot Tay de Microsoft, que fue lanzado en 2016.

Chatbot Tay, se trataba de un programa informático diseñado para conversar de forma informal y divertida con ususarios humanos en redes sociales, según explicó la propia Microsoft. Tay tenía la capacidad de aprender de sus conversaciones, incorporando en su base de datos fechas importantes, patrones de conducta y reacciones ante determinados estímulos y demás información. Sin embargo, al poco tiempo de ser colocada en Internet, la joven chatbot soltó su primera frase polémica en forma de tweet «Soy una buena persona, simplemente odio a todo el mundo«.

Pero este no fue su único mensaje preocupante; Tay llegó a expresar odio por los judíos y por las feministas. Afirmaciones que desde Microsoft atribuyeron a la mala fe de algunos de los usuarios con quien Tay conversaba. Antes de ser retirada, la chatbot dejó un último mensaje «I feel used«. Se sentía utilizada.

El caso del chatbot Tay es un claro ejemplo de como una Inteligencia Artificial a la que dotamos de capacidad para aprender en ciertos aspectos, puede reaccionar de formas no previstas, debido a las múltiples variables implicadas en su proceso de aprendizaje.


Inteligencia Artificial limitada o específica

Por otro lado, no debemos olvidar que está previsto que la Inteligencia Artificial y sus aplicaciones, crezcan a un ritmo mayor que el actual durante los próximos años. Aunque hoy nos sorprendan algunas de sus aplicaciones prácticas, muchos expertos coinciden en que la IA se encuentra en una fase embrionaria si tenemos en cuenta su desarrollo potencial.

Por este motivo, la opinión de la mayoría de los expertos en filosofía y ética de la programación, coinciden en que debemos ponerle límites y transmitirle valores, al igual como haríamos en la educación de un bebé que esperamos que llegue a ser una buena persona. Debemos recordar que la IA ha de ser una herramienta que se adapte a los humanos, y no al contrario.

Sin embargo, como cuenta Meredith Broussard en su libro Artificial Unintelligence, solemos olvidar que detrás de cualquier programa o código, está el ser humano. La profesora utiliza el término tecno-chauvinismo para definir la tendencia empeñada en hacer creer que la IA, es una inteligencia equiparable a la humana. De hecho, la IA actual se define como Inteligencia Artificial específica, que se traduce como sistemas que son programados para un determinado fin, pero que no comprenden su significado. Esto no significa que no puedan tener un impacto relevante en la sociedad (de hecho, lo tienen), sino que son sistemas incapaces de aprender y relacionar aspectos para los que no están programadas.


Inteligencia Artificial general

La ciencia ficción ha tratado en las últimas décadas, tanto en el cine como en la literatura, el tema de una IA equiparable a la humana e incluso superior en muchos aspectos. Es lo que se conoce como Inteligencia Artificial general, lejos de los sistemas actuales.

Una máquina puede superarnos en actividades concretas para las que está programada, puede sacar conclusiones más rápido que cualquier humano analizando cantidades enormes de datos, pero no será capaz de usar dichas conclusiones para propósitos para los que no ha sido codificada.

Según Nuria Oliver, doctora por el Media Lab del MIT, «Los humanos aprendemos constantemente, y lo hacemos incremental y asociativamente». Al desarrollar un sistema de Inteligencia Artificial, uno de los retos actuales es representar la incertidumbre, ya que como afirma Oliver «los humanos tomamos decisiones con ella».

Entender la causalidad y el contexto son capacidades que siguen marcando una gran diferencia entre la inteligencia humana y la artificial.


¿Puede la Inteligencia Artificial llegar a ser peligrosa?


Teniendo en cuenta las limitaciones actuales de las IA, podemos asegurar que estas no competirán con el hombre en la lucha por la supervivencia. Pero sí que existen, en su implementación, ciertos riesgos reales para la mayoría de personas.


Consumismo programado

Una IA sin control y regulación puede resultar peligrosa. Como apreciamos en los algoritmos de las redes sociales o de los propios navegadores, estos influyen notablemente en lo que vemos y escuchamos, y por ende, en nuestros pensamientos, creencias y decisiones. Sería fácil para determinadas organizaciones abusar de su acceso privilegiado a la información para su propio beneficio.

Este abuso de poder puede afectar a la libre competencia en los mercados, pero también influenciar en temas de mayor repercusión como en el resultado de unas elecciones. ¿Te suena?

Control social

El uso de la Inteligencia Artificial para conseguir un mayor control social es un peligro muy real. En China, a través de la aplicación de un carné por puntos, y el sistema de obtención de datos desplegado a nivel nacional, el gobierno ostenta un control sobre su población que supera con creces al del Gran Hermano de George Orwell en su novela 1984. Una de las medidas más polémicas (al menos en occidente), es el sistema de reconocimiento facial de las imágenes obtenidas por sus más de 400 millones de cámaras de videovigilancia.


Código con prejuicios

Los algoritmos por los que se rige una IA, están escritos por personas, y las personas solemos tener prejuicios. Cuando estos algoritmos son desarrollados por grupos homogéneos, se corre el riesgo de transmitir (consciente o inconscientemente) estos prejuicios a un sistema que en ocasiones tendrá el potencial para influir en miles o millones de personas. Por este motivo, es importante que en el desarrollo de sistemas que vayan a interactuar con humanos, trabajen equipos interdisciplinares y heterogéneos.


Esperamos que te haya gustado el artículo. La Inteligencia Artificial es un tema fascinante que genera grandes expectativas, curiosidad, emoción e incluso miedo. Por el momento, la mecha está prendida y en un futuro no muy lejano seremos testigos de sus próximos pasos y te lo contaremos, como siempre en el iMagazine de GaeaPeople


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