El sucesor del Hubble, El telescopio James Webb está listo para despegar, lo hará el próximo 18 de diciembre, y permitirá retratar el cosmos tal y como era hace 13.000 millones de años, cerca de cuando ocurrió el Big Bang

El telescopio espacial Hubble, que orbita en el exterior de la atmósfera terrestre, en órbita circular alrededor del planeta Tierra a 593 kilómetros sobre el nivel del mar desde hace 31 años, está a punto de recibir un potente compañero de exploración. Todo está listo para que el James Webb se ponga en órbita tras quince años de intenso trabajo.

Explorando los límites del universo

El telescopio James Webb, cuenta con cuatro objetivos principales, y una capacidad para observar en infrarrojos que será la envidia de sus antecesores. A través de esta tecnología, los científicos podrán observar el Universo tal y como era poco después del Big Bang, el evento cósmico que se considera, de momento, el punto de partida de lo que entendemos hoy en día por nuestro Universo.

Las primeras tareas asignadas al James Webb serán observar los primeros «objetos» que surgieron tras la gran explosión, como las galaxias y las supernovas. Luego observará su evolución para tratar de determinar cómo se formaron las estrellas y los sistemas planetarios; en tercer lugar, observará planetas alrededor de otras estrellas y nuestro propio sistema solar para tratar de entender como se originó la vida en la Tierra y aportar datos sobre vida la vida en otros planetas. Se le acumula la faena.

El James Webb como desafío tecnológico

El primer gran desafío que supone la puesta en órbita del nuevo telescopio se debe a su tamaño. El James Webb se lanzará ensamblado a bordo de Ariane 5, y se desplegará ya en el espacio, para alcanzar su forma definitiva.

El segundo desafío recae en la distancia de la Tierra en la que se «instalará» el telescópio. Para poder observar el Cosmos de forma óptima, son precisas unas condiciones lumínicas que requieren que el telescopio se sitúe a más de 1,5 millones de kilómetros de la Tierra, en un punto conocido como Lagrange 2 en el que la gravedad está amortiguada y donde los objetos quedan atrapados.

El Hubble está ubicado a 593 km sobre la superficie terrestre, una distancia que parece ridícula en comparación con la de su sucesor.

Uno de los grandes inconvenientes de esta gran distancia, es la imposibilidad de reparar el telescopio una vez lanzado. El Hubble ha sido reparado en cinco ocasiones, así que antes del lanzamiento, cada detalle debe estar pensado y planificado, para evitar que el James Webb se convierta en una reliquia espacial inservible.

Recreación virtual del James Webb, una vez desplegado en el espacio
Recreación virtual del James Webb, una vez desplegado en el espacio

Y el tercer gran obstáculo a salvar es la temperatura a que deberá trabajar el James Webb, cercanas al cero absoluto, lo que en grados centígrados sería aproximadamente unos 273º bajo cero. En su construcción se han empleado materiales que puedan soportar esta temperatura inhumana, pero que además no se dañen en las condiciones de del lugar de fabricación.

Un proyecto para el saber común

El proyecto James Webb, es fruto de la colaboración de la NASA, la Agencia Europea de Espacio (ESA) y la Agencia Canadiense del Espacio (CSA). Un claro ejemplo de lo que la humanidad (o parte de ella), puede lograr trabajando conjuntamente y uniendo esfuerzos.

Por su parte, China lleva años trabajando en su propio telescopio espacial, el Xuntian, que será puesto en órbita, si se cumplen las estimaciones, durante el año 2022. También las empresas e inversores privados siguen con su lucha de egos en el espacio.

Dicen que la competencia siempre es buena, y esta ocasión no es una excepción. La carrera tecnológica incentiva a las grandes potencias a «espabilar» para tener las mejores herramientas de exploración espacial, y colgarse la medalla como primeros exploradores de los orígenes del Cosmos. Eso sí, esperamos que al menos compartan información entre ellas que les permita avanzar conjuntamente ahorrando años en trabajos independientes.

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La innovación y las experiencias compartidas, son la mejor fórmula para adelantar a la competencia.

Los humanos somos curiosos por naturaleza, y el Cosmos ha sido siempre una gran fuente de misterios. Los próximos años prometen ser interesantes y arrojar mucha luz sobre algunos de los grandes enigmas de la humanidad… Seguiremos atentos, y te lo contaremos.

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